Javier Prado recibe la Castaña de Oro y reivindica el valor de los emprendedores bercianos

Javier Prado y José Luis Prada.

El empresario Javier Prado, fundador y socio de Tvitec recibió anoche la XIV Castaña de Oro que entrega la Fundación Prada a Tope todos los años para reconocer el trabajo de las personas o instituciones en defensa del Bierzo, entendido esto en el más amplio sentido de la palabra: la cultura, la empresa, las tradiciones, la gastronomía y la imagen promocional.

Lo hizo en un acto celebrado en el Palacio de Canedo en el que se dieron cita compañeros y familiares del premiado, así como representantes de las instituciones de la comarca, y alcaldes de los municipios en los que tiene o ha tenido la empresa sus instalaciones.

De Javier Prado, la Fundación subrayó su labor en defensa del empleo y la riqueza de la comarca tras 35 años de actividad empresarial, primero en Cristalglass y desde hace diez años en Tvitec, convirtiéndose en una referencia internacional.

El Jurado dijo que la trayectoria de Prado “es una lección de iniciativa emprendedora industrial para los que cada día se lanzan a crear empleo, pero también una esperanza para los que apuestan por seguir creyendo en esta tierra”.

Flor Bonet, que hizo de maestra de ceremonias recordando la figura del empresario, señaló la importancia de emprendedores como él que pasaron de cortarse las manos con cristales a dar trabajo a más de 600 personas y facturar cerca de cien millones de euros, y sin abandonar el Bierzo, porque, dijo, “para tocar el cielo hay que pisar firmemente la tierra”.

Javier Prado, “El futuro económico del Bierzo está en los emprendedores bercianos, no en los consejos de administración de las grandes empresas”

Por su parte, el galardonado agradeció el premio y destacó la buena marcha de su empresa, que “a día de hoy nuestro problema no es vender, sino producir. Es decir, dar satisfacción a nuestros clientes; en plazo, en calidad, en exigencias técnicas. Porque los proyectos que abordamos son cada día más importantes y más exclusivos”.

Prado dijo que el momento de la empresa es tan bueno que el peligro está “en la autocomplacencia”, en la pérdida de la ilusión y el afán de superación. La receta que daba era “seguir siendo humildes y constantes”.

También aprovechó la ocasión para explicar por qué había elegido El Bierzo para su empresa: porque aquí nació, se casó y ha estado toda su vida, “rezumo Bierzo por los cuatro costados”.

Señaló el hándicap de las comunicaciones para instalar cualquier empresa, “es claramente nuestro punto débil. Tenemos buenos polígonos. Pero no es suficiente. No disfrutamos del esfuerzo inversor realizado por el Estado”, en referencia al AVE, por lo que los consejos de administración de las grandes empresas difícilmente se fijarán en el Bierzo.

Por ello, reivindicó que la salida a la crisis del Bierzo está “entre nuestros emprendedores, volviendo a los orígenes, a la riqueza natural que tiene la comarca, la agricultura y la viticultura y toda la industria de transformación alimentaria. Emprendedores que creen valor añadido, creativos, que busquen los mercados más exigentes”, y aprovechó para alabar la iniciativa del Palacio de Canedo y lo que había conseguido Prada en su trayectoria.

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