Pedro Costa Morata alerta sobre los posibles efectos de las ondas electromagnéticas en la salud

El profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, Pedro Costa Morata, ha alertado de los posibles efectos de las ondas electromagéticas procedentes de antenas de telefonía móvil. Afirma que afectan a la glándula pineal, a los procesos químicos de las células en los que interviene el calcio y a la temperatura corporal.

Ayer tarde se celebró una conferencia en Ponferrada sobre efectos de los campos electromagnéticos en la salud humana, organizada por el Comité de Defensa Civil en colaboración con la Asociación de Vecinos El Carrascal, a raíz del conflicto vecinal relacionado con el intento de colocación de una antena de telefonía móvil en ese barrio ponferradino.

Impartió la ponencia Pedro Costa Morata, profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, Premio Nacional de Medio Ambiente y autor del libro ‘Electromagnetismo: campos magnéticos, silenciosos, ubicuos, inquietantes’. Ante una asistencia de veintiuna personas, Costa Morata explicó en su intervención personal numerosos conflictos relacionados con las líneas de alta tensión y también la telefonía móvil. El ingeniero de Telecomunicaciones y doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid tiene una dilatada experiencia en la elaboración de diversos reglamentos sobre la instalación de antenas en municipios, una cuestión –como detalló- harto conflictiva y en la que resulta complicado conciliar los intereses de las operadoras y los de los ciudadanos.

Costa comentó varias de las “batallas” en las que la justicia había tenido que intervenir para resolver el conflicto surgido entre particulares y algunas de las grandes compañías eléctricas o relacionadas con la telefonía móvil. Muchas de ellas ganadas por los particulares que habían presentado demandas ante los tribunales.

Preguntado sobre los posibles efectos de estos campos sobre la salud humana, Costa señaló que la afectan por tres vías. La primera de ellas es a través de la glándula pineal, cuya función se ve alterada por los campos electromagnéticos. Esta glándula interviene en el mantenimiento de nuestras defensas inmunológicas contra el cáncer. La segunda afectaría de manera notable a los fenómenos químicos en nuestras células en los que interviene el calcio, cuya distribución se vería perturbada disminuyendo la fabricación de lipocitos. Y la tercera vía sería el efecto térmico comprobado que tienen este tipo de ondas y que elevan nuestra temperatura corporal del mismo modo que lo hace un microondas con el agua.

Aún intentando huir de alarmismos, Costa refirió el caso reciente del Colegio García Quintana en Valladolid, situado cerca de una torre de comunicaciones con treinta y dos antenas, en el que se dieron cinco casos de leucemias en sólo tres años. A raíz de ese conflicto se creó la Asociación de Afectados por la Telefonía Móvil (AVAATE), uno de cuyos ponentes ofreció hace un par de años en una conferencia en nuestra ciudad, cuyo éxito más importante fue conseguir el año pasado que el Tribunal Superior de Justicia obligase al ayuntamiento vallisoletano a exigir un estudio de impacto ambiental a las operadoras por cada antena colocada. De lo contrario prohibía modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la ciudad, tal y como pretendía su alcalde.

En relación con los reglamentos que regulan la instalación de las antenas en los municipios, Costa destacó que el más restrictivo de todos, en el sentido de defender con mayor énfasis la salud de los ciudadanos, es el aprobado por la Comunidad autónoma de Castilla la Mancha, que llegó a provocar incluso la protesta del Gobierno.

Costa señaló que según la Ley de Bases de Régimen Local corresponde a los responsables de los Ayuntamientos el asegurar la salud de los vecinos, y que el Plan General tiene la obligación de prever la ubicación de las antenas. En este sentido alertó que la energía radiante presenta la característica de sumar todas las potencias emitidas.

Requerido por los presentes a ofrecer su opinión particular sobre qué era mejor, si colocar las antenas en el exterior de las poblaciones o en el casco urbano, Costa no fue tajante. Señaló que en las pequeñas poblaciones, en las que la orografía se presta, éstas suelen colocarse en el exterior. Pero en el caso de las grandes ciudades esto se complica porque resulta difícil evitar zonas de sombra que se han de cubrir con antenas estratégicamente colocadas y con la mínima potencia necesaria para solventar el problema.

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