Ciencia

Dos investigadoras de la ULE consiguen revertir las malformaciones cardíacas provocadas por altas concentraciones de plástico

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Marta Lombo y Paz Herráez

La revista ‘Environmental Pollution’ publica una investigación de la ULE de las profesoras Paz Herráez y Marta Lombó, sobre el contacto del embrión con este contaminante plástico.

La revista científica ‘Environmental Pollution’ ha publicado recientemente un trabajo de investigación realizado por el grupo dirigido por la profesora Paz Herráez, doctora en el área de Biología Celular de la ULE y que forma parte de la tesis doctoral de Marta Lombó. La principal aportación de esta investigación radica, en que se ha conseguido revertir las malformaciones cardiacas provocadas por altas concentraciones de un contaminante plástico común, el bisfenol A (BPA), utilizando un componente del té verde, llamado catequina EGCG.

El trabajo se incluye un proyecto más amplio, titulado ‘Efecto de contaminantes emergentes en células de la línea germinal masculina: contribución paterna al desarrollo y herencia transgeneracional’, financiado por el Plan Nacional de Investigación. “Las consecuencias de los hábitos de vida o del contacto materno con elementos tóxicos sobre la salud fetal son conocidas, pero poco se sabe acerca de cómo esos mismos agentes afectan a la información que el espermatozoide transmite al embrión”, señala Paz Herráez, al tiempo que concreta que los objetivos son analizar los efectos de dos contaminantes en el proceso de formación de los espermatozoides, y determinar si dichos efectos son transmitidos a la descendencia por vía paterna.

El contaminante utilizado en este estudio, el Bisfenol A (BPA), es un componente plástico presente en muchos artículos de uso común, como envases de alimentos y bebidas, equipos electrónicos o incluso el papel térmico de los tickets de compra. Este contaminante pertenece al grupo de los ‘disruptores endocrinos’, llamados así “porque interfieren con nuestras propias hormonas”, precisa Herráez. Para llevar a cabo la experimentación utilizaron como modelo el pez cebra, “una especie cada vez más utilizada en laboratorio por sus numerosas ventajas”, concreta la directora del grupo de investigación.

En un estudio publicado con anterioridad, comprobaron que cuando los machos que son expuestos durante su vida adulta a altas dosis de BPA y se cruzan con hembras que nunca han tenido contacto con el tóxico, “aumenta el porcentaje de malformaciones cardiacas entre la descendencia; además, el contacto directo de los embriones con el BPA también provoca el mismo efecto”. Estas respuestas hicieron que se centraran en el estudio de los mecanismos por los que, tanto el contacto directo, como el contacto paterno con el BPA, alteran el desarrollo del corazón en el embrión.
“En este trabajo hemos demostrado que el contacto directo del embrión con el Bisfenol A interfiere con los receptores de hormonas que son clave en la formación del corazón, -explican Paz Herráez y Marta Lombó- pero además tiene efectos epigenéticos, es decir, modifica el acceso a la información que hay en los genes, la forma en la que éstos se leen”.

Ambos efectos, el endocrino y el epigenético, son responsables de las malformaciones cardiacas y, ambos, son revertidos mediante la incubación con el componente del té verde EGCG, por lo que ese bloqueo de los efectos endocrinos y epigenéticos permitió obtener una descendencia completamente normal.

Esta investigación ha permitido conocer más profundamente los efectos del BPA (contaminante plástico) y encontrar un posible antagonista para muchos de ellos. Los estudios que se siguen realizando se encaminan a conocer con más precisión los mecanismos de la transmisión por vía paterna y a continuar profundizando en los mecanismos de remediación.

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