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La II República en el Bierzo: esperanza, confrontación y violencia total

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Ángel Herrerín, Jesús Castrillo y Miguel J. García en la mesa redonda sobre la II República organizada por el I.E.B. Foto: Raúl C.

Para el historiador Miguel J. García González la II República en el Bierzo pasó por tres etapas muy marcadas, una de esperanza, reformas y nuevos proyectos, otra de confrontaciones y luchas y una tercera de violencia total en la que se quiso convencer a la gente de que se podía eliminar físicamente al adversario. Esta última fase fue un ensayo de lo que se viviría posteriormente durante la Guerra Civil, ha explicado hoy García en el debate “La II República: Del cambio político a la movilización social”, organizado por el Instituto de Estudios Bercianos, enmarcado dentro de las II Jornadas de Historia Local y Patrimonio que se han realizado en la Casa de la Cultura.

Miguel J. García apunta a que los males que sufría la sociedad berciana después de la crisis económica de 1929 no eran coyunturales sino estructurales, con problemáticas relacionadas con los salarios de los trabajadores, los despidos, las protestas obreras y con todo los relacionado con la minería del carbón. La solución a todos ellos no era fácil, pese a ello, se hicieron muchas cosas durante los dos primeros años, recuerda García. Se construyeron escuelas, se proyectaron bibliotecas, se hizo una oficina de colocación obrera, planes de urbanismo con el diseño de un puente frente al Castillo y del Canal del Bierzo.

Pero justo antes de las elecciones del año 33, que ganó la derecha, se produjo un incidente que cambió el panorama en el Bierzo. Un enfrentamiento armado en el que murió una persona de la burguesía ponferradina que era de Acción Berciana -movimiento contra los socialistas perteneciente a la CEDA- produjo que muchas personas abandonaran los partidos y sindicatos, y que otras se radicalizaran tanto hacia la extrema derecha como hacia la extrema izquierda.

A esta situación ya convulsa, se unió, tras las elecciones del 1933, el levantamiento del Comunismo Libertario de Fabero con quema de iglesias y archivos, y las revueltas mineras de año 34. Para el historiador berciano, estas reacciones, que se justificaron aludiendo a un posible golpe de estado de la derecha, fueron un error que desprestigiaron al régimen republicano.

León

En el debate de la Jornada, el historiador de la Universidad de León Jesús Castrillo Yagüe, ha comentado algunas cuestiones anecdóticas relacionadas con la provincia de León, como por ejemplo que fuera Sahagún la segunda localidad en España en proclamar la II República, o que el filósofo Ortega y Gasset se presentara como candidato a las Cortes por León. En el bienio siguiente, una de las cinco mujeres que estuvieron en el Parlamento era de León, Francisca Bohigas, de Coalición Agraria.

Castrillo ha recordado además que en León la República no terminó en el 36 sino en el 37, cuando cayó Gijón. Una parte de la provincia permaneció republicana hasta entonces, con unas instituciones que se desplazaron hasta el norte y que llegó a contar hasta con moneda propia.

Después, la Republica pervivió en León en los montes con los guerrilleros de la Federación Guerrillera León-Galicia que tuvo su epicentro en el Bierzo.

El historiador de la ULE ha destacado también que en León la II República caló en los sectores conservadores, “Se hacía alarde del republicanismo, principalmente debido al apoyó que presto Alfonso XIII a la dictadura de Primo de Rivera”, apunta Castrillo, quien añade que a partir de 1934 todo empezó a cambiar, es más, el conservador Alcalá Zamora fue presidente de la República hasta el año 1936.

España

Desde el punto de vista más generalista, el profesor titular de Historia Contemporánea de la UNED, Ángel Herrerín, ha puesto en contexto lo que sucedió en España durante los años de la II República y las consecuencias que tuvo en las movilizaciones sociales.

Según Herrerín las consecuencias de la crisis económica de 1929 fueron complicadas no sólo para España sino también para el resto de los países europeos. Crecieron en un caldo de cultivo con dos ideologías dominantes en esa época, el fascismo y el comunismo, que dieron una imagen de debilidad a la II República ya que España carecía en 1931 de una cultura democrática, a diferencia de otros países que habían evolucionado hacia gobiernos democráticos desde finales del siglo XIX y primeros del XX.

Esa falta de cultura democrática hizo que los cambios que se acometieron durante la República (educación, religión y sociedad.. ) parecieran radicales, principalmente por la oposición de la iglesia. España necesitaba ese cambio, aunque fuera en un momento muy complicado con Mussolini en el poder desde el año 1922 y con Hitler desde 1933, regímenes fascistas que crecieron como consecuencia de la crisis del 29.

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